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En 1844, el dentista estadounidense Horace Wells se encontraba en una reunión social en la que los asistentes utilizaban óxido nitroso (gas de la risa) para divertirse.

A estas reuniones y fiestas sociales las llamaban «fiestas de risa» o «juegos de éter» y eran muy comunes en esa época.

Wells fue testigo de cómo uno de los invitados a la fiesta se lastimaba gravemente una pierna mientras se encontraba bajo los efectos del gas de la risa. El hombre, cuya pierna sangraba en abundancia, seguía divirtiéndose como si nada y asegurando que no sentía ningún dolor.

A Wells le llamó profundamente la atención ese incidente. Así que, motivado por la curiosidad, se preguntó si se habría tratado de un evento aislado o si podría replicarlo de manera controlada en otras circunstancias.

Se le ocurrió entonces la brillante idea de utilizar el gas de la risa con uno de sus pacientes a quien le iba a extraer una muela y…

¡Eureka! Así nació la anestesia.

ESTAS SON LAS 3 RAZONES PRINCIPALES POR LAS CUALES AMAS LAS HISTORIAS

Es probable que a partir de ahora recuerdes con mayor facilidad cómo fue que se inventó o se descubrió la anestesia. Lo que tal vez no ocurriría si en lugar de la historia te hubiera bombardeado con datos e información aburrida.

Esto se debe a que, independientemente de tu edad, tu género o tus antecedentes culturales, te gusta escuchar y contar historias. Ya sea en forma de relatos, videojuegos, chismes, canciones, cómics, series o películas.

Las historias han sido fundamentales en la comunicación por más de 27.000 años cuando fueron elaboradas las primeras pinturas rupestres.

¿Por qué las historias fueron, son y serán imprescindibles para los humanos?

Con las historias desarrollas la empatía

Para que la sociedad funcione, es fundamental que las personas compartan y comprendan las emociones de los demás.

Piensa por un momento cómo sería el mundo si nos encogemos de hombros 🤷‍♂️ cada vez que presenciamos el sufrimiento de otra persona.

Sin empatía, difícilmente notarías que alguien está en problemas o sufriendo. Por lo tanto, no tendrías el impulso de ayudarlo o aliviar su dolor.

Cuando escuchas o lees una historia, sales de tu propia realidad para ponerte en los zapatos del otro.

Y es que las historias son vehículos perfectos para transportar empatía.

¿Por qué?

Porque te transportan. Te llevan desde tu propio mundo al mundo de los demás.

Cuando lees o escuchas una historia (real o ficticia), te obsesionas por entender lo que pasa en la cabeza de sus protagonistas.

Y para que te sientas motivado a actuar, la historia debe captar y mantener tu atención mental y emocional. Debe conducirte al mundo del personaje con todos tus sentidos.

Piensa en el éxito taquillero perfecto.

Un grupo de superhéroes con poderes extraordinarios, se enfrenta a la amenaza de ver desaparecer la mitad de los seres del universo a manos de un villano invencible. Entran en juego sus egos y sus temores. Unos buscan redención y otros están sedientos de venganza. Emprenden una serie de misiones peligrosas para todos. Algunos mueren en el camino. Otros llegan a la batalla final y triunfan. No sin antes realizar algunos sacrificios.

¿Por qué crees que te importa tanto si Tony Stark sobrevive o muere?

Por más fantástica que sea la narración, te importa lo que ocurra con los personajes porque todo tu cerebro está involucrado y liberando oxitocina (la hormona que te ayuda a crear vínculos sociales).

Te escapas de la realidad

Ya sea en un libro, una película o una serie de televisión, las historias te llevan a lugares asombrosos en los que te puedes burlar del mundo real.

Y aunque te parezca contradictorio, con las historias de ficción exploras lo desconocido, ideas de cambio y emociones complejas. Lo que te ayuda a enfrentar un mundo lleno de conflictos y problemas.

Además, la vida es breve, es complicada y se pasa volando.

Escapar de la realidad está bien y es necesario. ¿Quién quiere estar 24/7 siguiendo las noticias y aterrizado en “la realidad”? Pues, yo no.

Las historias te dan un respiro y un descanso de la negatividad y el miedo.

No estoy sugiriendo que ignores lo que pasa a tu alrededor y vivas en un mundo de fantasía totalmente alejado de tu entorno.

Pero sí es imprescindible que te desconectes algunos minutos cada día para pensar en algo agradable, emocionante y fantástico.

Las historias te permiten ver el mundo de la manera como podría o debería ser.

Tu cerebro ama las historias

Cuando disfrutas de una buena historia, ya sea una novela, una película o el relato despreocupado de un amigo, se estimulan partes del cerebro que también se activarían si estuvieras experimentando personalmente los eventos.

Tu cerebro vive las narraciones ficticias como si fueran reales.

Las historias son como simuladores de realidad que te permiten vivir los acontecimientos en modo seguro y te preparan para la incertidumbre. Y es allí donde la creatividad se alimenta.

Puedes sentir en tu propia piel el miedo de participar en una gran batalla medieval sin sus terribles consecuencias.

Que el contexto sea ficticio es irrelevante. Las emociones que se despiertan en ti son genuinas.

Según estudios científicos, existe poca diferencia entre la forma como nuestro cerebro procesa una historia y la forma como procesa una experiencia vivida en el mundo real.

A tu cerebro le da igual.

En conclusión, las historias le dan sentido a tu vida

Nos gustan las historias porque nos vemos reflejados en ellas.

Nos identificamos con eventos que hemos vivido o con situaciones en las que nos gustaría estar y en las que nunca estaremos.

Cuando quieras que alguien entienda tu punto de vista, lo mejor es que utilices historias.

Las historias te ayudan a resolver problemas, a ver patrones donde hay caos y desorden, y a encontrar puntos en común con los demás.

Ahora cuéntame:
¿Cuál es tu historia de ficción favorita? ¿Qué es lo que hace que una historia te enganche? ¿Alguna historia ha cambiado la forma en que percibes el mundo?

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