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Decidí que quería ser escritor a los 18 años y llevo escribiendo desde los 25.

He escrito muchas palabras, más de 3 millones. Entre borradores y finales, novelas y poemas, ensayos y guiones.

Escribir algo que valga la pena compartir es difícil. Y la escritura de ese “algo” siempre tiene un impacto profundo en el escritor.

Principalmente, la escritura te enseña sobre ti mismo. Te permite escudriñar las profundidades de tu propia mente y captar y desencadenar emociones que de otra forma no hubieras sabido que tenías.

Y tengo mucho que decirte al respecto.

Es por eso que en este post voy a compartir contigo lo que el arte de escribir me ha enseñado hasta ahora.

ACTUAR CON DISCIPLINA

Paso horas en mi escritorio, trabajando duro para producir suficiente material para mis libros.

Cuando escribes un libro, lo normal es que un editor te presione constantemente para que cumplas con las entregas y debes llegar a los plazos sin importar cómo.

No puedes decirle a tu editor que estás bloqueado o que no tienes ganas de escribir. Así que la única opción es seguir adelante.

En mi caso, como lo hago por pasión y no tengo a un editor «externo», las funciones de esa figura las cumple mi propia fuerza interior. La misma que me mueve cada mañana a vivir, a escribir.

Cuando me encuentro en apuros, normalmente paro un rato, salgo a caminar y luego regreso para abordar la situación de una manera distinta.

No trato a la escritura como un trabajo, porque la escritura es mi pasión. Cuando haces lo que te apasiona, la palabra “trabajo” pierde su significado. Por eso, si algo he aprendido de los escritores a los que admiro, es a hacerme responsable de este oficio y a vivirlo con plenitud.

Escribir un poco cada día me ha ayudado a mantener una actitud de motivación y gratitud ante la vida.

Si quieres ser profesional en la escritura, deberás convertirla en una prioridad en tu vida y desarrollar una disciplina que se extenderá a otras áreas de tu vida.

 

ACEPTAR LA CRÍTICA

Es difícil lanzar tu creación al mundo donde otros puedan verla, comentarla y hasta hacerla pedazos.

No dejé que nadie leyera mis escritos durante años y siempre pienso dos veces antes de compartir nuevo material con amigos y familiares.

Permitir que alguien lea lo que escribes es aterrador al principio, pero entre más compartes tu trabajo, más comentarios recibirás y te irás acostumbrando a las críticas.

La crítica en cualquier sentido es difícil de aceptar para cualquiera, y un mal análisis o un comentario negativo puede disminuir tu confianza.

Imagínate lo que sentí la primera vez que escuché que una de mis historias, en la que había trabajado durante meses, no calificaba para ser publicada.

O cuando uno de mis lectores la evaluó con 2 estrellas.

Cada uno de esos instantes, fue como una daga clavada directamente en mi corazón.

Afortunadamente, con el tiempo he llegado a aceptar y a valorar las críticas tanto de editores, como de lectores y otros escritores.

Me atrevo a decir que SIEMPRE va a haber alguien a quien no le guste lo que has escrito. Y eso está bien. Si tiene algo constructivo que decir, escúchalo, aprende y saca el mayor provecho.

Si la crítica es destructiva, también escúchala y prueba que se equivoca. O simplemente hazla a un lado con gentileza y sigue adelante.

En el camino he encontrado personas que me han dado buenos consejos y otras que me han dado consejos terribles.

Solamente yo escojo cuáles críticas escuchar y cuáles mejorarán mi escritura.

Confieso que las primeras críticas que recibí fueron amargas y las acepté con desagrado.

Ahora sé que las críticas y sugerencias mejoran mi escritura y las espero con ansias. Tanto así que cuando no recibo ninguna, las echo de menos y las reclamo.

HACER SACRIFICIOS

Para vivir de lo que te gusta, sea lo que sea, la vida te exigirá que hagas algunos sacrificios.

Ya sea que quieras dedicarte a la música, a escribir libros o a hacer películas, debe haber algo que tienes que dejar ir.

Pocas personas tienen la fortuna de trabajar en lo que les apasiona y pagar sus facturas con eso.

Yo sueño con poder hacerlo y escribir todo el día, todos los días.

A medida que trabajo hacia ese sueño, he tenido que decirle adiós o poner en espera otros sueños, actividades que disfruto e incluso a familiares y amigos.

Por ejemplo, cuando estaba en el proceso de escritura de mi último libro, tuve que dejar de ir a reuniones sociales, disponía de pocos días libres y hasta dejé de ir al cine por un tiempo.

Pero, a final de cuentas, todo ha valido la pena.

APRENDER DE LOS ERRORES

Contrario a lo que nos han enseñado desde niños, cometer errores y fracasar es algo bueno.

Una vez que lo entiendes, comienzas a ver tus equivocaciones como oportunidades de aprendizaje.

Los errores que he cometido (y créeme, son muchos) me han ayudado a ser mejor escritor.

He aprendido que mi carrera como escritor solo progresará a medida que continúe cometiendo errores y aprendiendo de ellos para avanzar.

No importa qué tan buena sea tu escritura el día de hoy, siempre hay cosas que puedes hacer para mejorarla.

Date permiso de cometer errores. Para aprender debes guardar tu orgullo y dejar a un lado el perfeccionismo.

Permanece dispuesto a equivocarte. Solamente aprendes y creces cuando aceptas que eres un ser humano imperfecto que la embarra de vez en cuando.

SER PACIENTE

Lo confieso. Nunca me he caracterizado por ser una persona paciente. Cuando algo toma demasiado tiempo, busco la manera más rápida de hacerlo.

Y eso es bueno en algunos casos, pero no con la escritura.

Cuando escribes y quieres convertir la escritura en una profesión, la rapidez y el afán son tus peores enemigos.

A veces he pasado más de una hora revisando un par de párrafos, dándoles vueltas y tratando de plasmar fielmente la idea que tenía en mi cabeza.

Ya quisiera que el primer borrador fuera suficiente. Pero lejos está de ser el producto final.

Ojalá fuera tan simple como decir “de la pluma al estante”. Pero no. Escribir un libro requiere largas horas de corrección, edición, formato y más.

Y ni hablar de su publicación, distribución y promoción.

Así que, asegúrate de amar lo suficiente la escritura como para darle todo el tiempo que necesita para madurar.

ESCUCHAR ACTIVAMENTE

Las personas tienen tantas historias para contar.

Escuchar lo que dice la gente me ha permitido construir nuevas ideas y realizar conexiones que nunca hubiera imaginado.

Si las historias que escucho no tienen nada que ver con lo que escribo, siempre encuentro nuevos puntos de vista para construir mis propios relatos.

Para que mis historias sean realistas, sus protagonistas deben tener y experimentar las mismas emociones que la gente de carne y hueso.

De manera que escuchar y comprender sus motivaciones, impulsos, deseos y dolores, me ayuda a profundizar en mis personajes.

Cuando escucho activamente a otra persona, me preocupo por las razones que hay detrás de cada palabra. La gente no hace las cosas porque sí y los personajes de mis historias tampoco. Debo encontrar el porqué de las acciones.

Puedes encontrar inspiración en las cosas mundanas y las ideas pueden venir de personas y lugares inesperados.

Narra tu vida y vívela

Cuando escribo siento que estoy haciendo exactamente lo que se supone que debo hacer.

Tal vez nunca conozca el impacto que mis palabras tengan en los lectores de mis historias.

Así se trate de relatos de ficción, espero que ayuden a otros a entretenerse y a pasar un rato agradable.

Todos tenemos una historia. Compartir la tuya puede inspirar a que otros compartan también la suya. Por eso te invito a que hagas de la escritura un hábito en tu vida.

La inspiración está en cualquier parte. Sal de tu casa, camina, habla con extraños, piérdete en la ciudad, sigue tu intuición, ponte en situaciones que te incomodan.

Ahora tú:

¿Escribes? ¿Por qué lo haces? ¿Qué lecciones te ha enseñado la escritura?

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